Una fábula en la que un viajero promete algo impensado a los habitantes de un pueblo al que llega. Este personaje siente internamente el síndrome del impostor, porque está prometiendo algo que no sabe si podrá hacerse.
Pero sin embargo, en el transcurrir de la fábula, logra con esa promesa hacer que todos colaboren para una causa que abrazan, aunque desconocen como se comenzaría tal proyecto.
Este proyecto surgió así, como en aquella fábula de la sopa de piedra que me contaba mi hermana mayor, y que yo entendía como el éxito de la unión de las partes.
La historia contaba que un viajero llegaba a un pueblo desconocido, agotado, sin comida, sin lugar donde dormir, sin trabajo. Y lo único que tenía en su bolsillo era una piedra, muy hermosa y brillante que había encontrado en el camino, pero de la cual desconocía su valor. Seguramente no tenía ninguno. Aunque a este hombre, se le ocurrió que podía ser una piedra con poderes mágicos. Y así fue como al llegar a la primer casa del pueblo donde vio una luz encendida, golpeó la puerta y se presentó: soy un viajero con una piedra mágica que he venido a compartir con uds. Esta piedra puede cocinar en una olla con mucha agua la sopa más deliciosa que se haya probado jamás. El dueño de aquella casa no pudo contener semejante oferta e hizo pasar al viajero y le mostró la olla más grande que podían poner al fuego. -» Esa misma está perfecta «. dijo. El dueño de casa lleno de agua la olla y el viajero lanzó la piedra al fondo del agua, que comenzaría a calentarse y hervir en unos minutos. Los vecinos comenzaron a acercase a la casa ya que sintieron el aroma de lejos, y porque querían saber de qué se trataba esa piedra mágica. -«Saben-dijo el viajero- sería mucho más sabrosa si colocamos alguna cebolla junto a la piedra». “ ¡Yo tengo una!”- dijo una vecina, y corrió a traerla para lanzarla a la sopa. – “Y yo una zanahoria” – dijo otro pueblerino. Y así, colaborativamente, todos los vecinos fueron sumando lo que cada uno tenía a esa olla gigante. El viajero se sintió por un momento un farsante, pero al otro instante observo a todos allí junto al fuego con sus ojos brillantes, y pensó que estaban haciendo algo en colaboración , y que todos podrían probar muy pronto esta sopa que comenzaba a tener muy buen aspecto.
Se paro con la cuchara y se acercó a la olla, probó el caldo y gritó: -“¡ La sopa está lista! ¡Traigan sus platos!”. Todos se dispusieron entonces a comer la mejor sopa que habían probado jamás. Una que habían cocinando entre todos una noche en que un impostor les trajo una piedra mágica.
Creo que aquel día en que escuchamos esa conferencia de “Type together”, en el SUM de la universidad, llena de estudiantes de diseño gráfico escuchando a Verónica, José Scaglione y a Horacio Gorodischer, salimos con JP y Mati, colegas diseñadores, pensando en que no podía ser que no nos agruparamos en Rosario como profesionales. Ese día en la puerta de FAPyD encontré esa piedra, que llevé por un tiempo en el fondo del bolsillo.Esa piedra había andado por otros . bolsillos antes. Caro D´angelo y otros colegas me lo contaron. Y esa fue la piedra que tiré a la olla y fue el momento que luego comencé a golpear puertas. Le pregunté a JP y Cami si tenían algo para sumar, si querían hacer esta sopa juntos, la sopa que aún no tenía ningún ingredientes . Y ellos tiraron de todo al caldero, muchas ideas. Cami por ejemplo tiene muchos utensillos para medir, y así todo empezó a tener su proporción justa. JP delineó la identidad con un logo que nos acompañara, se puso a armar nuestra web. Pablo llegó a ayudar con su exactitud de siempre, Nico con sus datos e info precisa, y Vale Grela que lleva en la sangre esto de hacer ollas creativas colaborativas. Sol esa compañera que donde uno dice hay que ayudar ella dice ¡Si voy! Abril,
Juance, Rocío y Cami talentosos y jóvenes y comprometidos, a cargo de las redes desde el día cero. Hoy sumadas Cande y Luli con sus aderezos.
Y Máximo que cuando le pregunte me dijo: – “Yo tengo un mechero, para que esta sopa se mantenga siempre en constante cocción, siempre con la llama encendida”. Nos contactó con la ADG de Córdoba y nos apuntala cada vez que necesitamos una guía.
De a ratos la probamos y nos parece que está buenísima, aunque sabemos que le falta para estar en su punto justo, sabemos y nos alegra ver que otros se acercan y tiran a la olla sus aportes para hacerla más rica, más sustanciosa, y para que con ella el diseño Rosarino sea un verdadero banquete. Sobre todo para los propios diseñadores.
Gracias por sumarse a esta idea colaborativa y entender que juntos podemos diseñar y crear algo tan rico para nuestra profesión y para los futuros colegas que sigan haciendo crecer este proyecto.
(Esta asociación podría quedar como la idea de una fabulación pero me gusta pensar que es en verdad lo que hemos hecho entre muchos, trayendo y aportando lo que podíamos ofrecer para elaborar la más rica receta del diseño de Rosario.)
Male
